Desde la Fundación MÁS QUE IDEAS queremos darte las gracias por completar la encuesta. Nos ayudará a conocer qué sabemos o pensamos sobre la inmunoterapia como tratamiento para el cáncer y, de esta forma, identificar si existen déficits de conocimiento acerca de una de las estrategias terapéuticas de las que más estamos oyendo hablar en los últimos tiempos.

Para nosotros es importante que no te quedes con dudas tras haber completado la encuesta y queremos darte la oportunidad de saber más sobre la inmunoterapia en oncología. Por ello, en el lado derecho ⇒ tienes varias pestañas con  información que podrá resolver algunas dudas que te hayan podido surgir a lo largo de la encuesta. Ten en cuenta que esta es información de carácter general. Si quieres saber algo más específico y adaptado a tu situación, te animamos a preguntar a tu equipo médico.

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Nos gustaría pedirte que, por favor, no compartas esta información con otros pacientes. El motivo está relacionado con la encuesta que acabas de completar. Este cuestionario pretende indagar en el grado de conocimiento que tenemos los pacientes sobre la inmunoterapia así que nos gustaría que, en la medida de lo posible, no se comparta esta información mientras seguimos recopilando respuestas, con el propósito de no sesgar ni influir en las contestaciones. No dudes que tras finalizar la encuesta, haremos pública la información. ¡Agradecemos tu colaboración!

 INFORMACIÓN SOBRE INMUNOTERAPIA

Es un tratamiento médico que emplea el propio sistema inmunitario del paciente para hacer frente a diferentes tipos de cáncer. Esta terapia biológica favorece la respuesta del sistema inmunitario del paciente para detectar y destruir las células tumorales.

Puede funcionar deteniendo, retrasando el crecimiento de las células tumorales o impidiendo que el cáncer se disemine a otras partes del cuerpo, ayudando siempre al sistema inmunitario a que funcione mejor en su función intrínseca de destruir las células cancerígenas.

En definitiva, el mejor funcionamiento del sistema inmune puede eliminar parcial o totalmente el tumor, o detener y retrasar su crecimiento. Existen varias clases de inmunoterapia, según su objetivo. Pueden ser fármacos que se dirijan contra el tumor, o que desbloqueen y/o potencien una respuesta inmunológica. También pueden ser células especialmente entrenadas o modificadas para identificar y eliminar directamente el tumor. O pueden ser vacunas, que estimulan una respuesta contra el tumor.

La inmunoterapia coexiste con otros enfoques terapéuticos (quimioterapia, radioterapia, cirugía, etc.) y existe la posibilidad de que estos se combinen entre sí para conseguir mejores resultados. Así sucede, por ejemplo, con varios tipos de cáncer en los que se ha evidenciado que la combinación de inmunoterapia y quimioterapia mejora la supervivencia de subgrupos pacientes.

Al igual que con otros tipos de tratamiento, la valoración debe realizarse de forma individualizada para cada paciente y cada tipo de tumor. Debe estudiarse que la situación del sistema inmunológico sea idónea, no haya presencia de trastornos autoinmunitarios relevantes o no se estén administrando medicamentos inmunosupresores. Así mismo, debe de analizarse el tipo concreto de tumor que se trata.

A día de hoy, la inmunoterapia no está aprobada para todos los cánceres, puesto que el procedimiento de aprobación de un producto farmacológico (como es el caso de la mayoría de inmunoterapias) es precedido por el desarrollo de estudios previos, llamados ensayos clínicos. Los fármacos de inmunoterapia, por tanto, se aprueban y desarrollan en base a una indicación y un tipo concreto de tumor.

En todo caso, con el paso del tiempo, cada vez es mayor la variedad de tipos de cáncer que se pueden tratar con este enfoque terapéutico. A modo de ejemplo, te detallamos a continuación algunos que ya se están tratando con inmunoterapia: cabeza y cuello, colorrectal, estómago, hígado, leucemia, linfoma, melanoma, mieloma múltiple, próstata, piel, pulmón, cerebral, riñón y vejiga.

Además, es importante destacar que algunas inmunoterapias están aprobadas para tratar cánceres solo en personas que tengan determinadas características moleculares en el tumor o en el sistema inmunológico, que denominamos biomarcadores, lo cual requiere una tipificación molecular y/o inmune previa. Un biomarcador es un indicador biológico que permite detectar un cambio fisiológico o la presencia de una enfermedad, predice su evolución y/o permite hacer un seguimiento de la respuesta al tratamiento. Normalmente los biomarcadores se determinan en análisis especiales del tumor o de otras muestras del paciente (sangre, saliva, heces, etc.).

En la actualidad se continúa estudiando qué biomarcador emplear para identificar qué pacientes pueden obtener mejores resultados de la inmunoterapia. Y también se investiga para saber quiénes no se van a beneficiar o incluso qué pacientes pueden tener un mayor riesgo de experimentar efectos adversos con determinados tratamientos. Los investigadores están estudiando qué puede predecir mejor si un tratamiento funcionará en una determinada persona como, por ejemplo, la cantidad de mutaciones o la cantidad de células inflamatorias en el tumor.

Existen diferentes tipos de inmunoterapia:

  • Anticuerpos monoclonales: Son proteínas con las que en circunstancias normales el sistema inmunológico se defiende de algunas infecciones. En el laboratorio se pueden diseñar y producir para que identifiquen y faciliten la eliminación de ciertas  células tumorales como extrañas. También se pueden diseñar para despertar una capacidad de respuesta inmunológica contra el tumor que estaba “dormida”. También son anticuerpos monoclonales los que por el momento se denominan “inhibidores de puntos de control” (ver más abajo).
  • Vacunas contra el cáncer: Pueden ser de prevención (por ejemplo, la del virus del papiloma humano) y de tratamiento. Se encargan de estimular o restaurar la función del sistema inmune para hacer frente al cáncer.
  • Inhibidores de puntos de control: Son fármacos (por el momento anticuerpos monoclonales) que evitan que ciertas proteínas y receptores enlentezcan o bloqueen la función antitumoral del sistema inmunitario. Este freno se produce a consecuencia de los puntos de control, cuyo propósito natural es evitar el ataque a células normales cuando una respuesta inmunitaria ha concluido, pero que el tumor “utiliza” con el objetivo de escapar a la respuesta inmune antitumoral. Cuando se administra un inhibidor, el cáncer ya no puede esconderse tan fácilmente del sistema inmunitario, manteniendo activa la respuesta inmune (“quitando el freno”) y ayudando a reconocer las células tumorales como extrañas.
  • Citocinas (Interleucinas e interferones): Su propósito es reforzar y coordinar el sistema inmunitario en su totalidad para que sea eficaz. Mientras que la mayoría de las interleucinas regulan (potenciando o inhibiendo) la activación de ciertas células inmunitarias, los interferones refuerzan la capacidad de ciertas células inmunitarias para reconocer eficazmente las células tumorales.
  • Terapia de linfocitos T con “receptor quimérico de antígenos” (CART): Su objetivo es que los linfocitos T detecten, se multipliquen y destruyan las células tumorales que transportan antígenos específicos (moléculas de los tumores que actúan como elementos extraños como los de bacterias, virus o parásitos).

La inmunoterapia tiene menos posibilidades de afectar los tejidos y células sanas que otros tipos de tratamiento.

Sin embargo, existe también la posibilidad de que en algunas ocasiones aparezcan reacciones no esperadas, llamadas efectos adversos. Estas reacciones adversas pueden ser más o menos intensas (desde leves a muy serias) y llegar a afectar a los siguientes sistemas del organismo:

  • Sistema endocrino: hipertiroidismo, hipotiroidismo, fatiga, dolores de cabeza.
  • Sistema gastrointestinal: diarrea, dolor abdominal, colitis.
  • Sistema neurológico: adormecimiento u hormigueo, sobrecarga sensorial o aislamiento sensorial, encefalitis y otras toxicidades en cerebro y meninges (especialmente con terapias con células CART)
  • Sistema pulmonar: dolor de pecho, tos, dificultad para respirar.
  • Sistema renal: alternaciones en la orina, hinchazón en los tobillos, pérdida de apetito.
  • Sistema tegumentario (piel): erupción cutánea, cambios en la piel.
  • Afectación inflamatoria global o síndrome de liberación de citocinas (especialmente con terapia con células CARTs).
  • Hipogammaglobulinemia (característico del uso de CART19, CART anti-CD19 para tratamiento de leucemias y linfomas).

Esperamos que esta información haya resultado de interés y te haya servido para resolver dudas. Si tienes alguna pregunta o comentario, no dudes en ponerte en contacto con nosotros:

Teresa Terrén y Diego Villalón

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